22 de septiembre de 2018

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Empleada de la Fábrica de Galletas La Bella María. Año: 1948.

 

Sabido es que la expansión industrial de Aranda de Duero arrancó, grosso modo, hace medio siglo, tras ser declarada nuestra villa Polígono de Descongestión Industrial de la capital española. Sin embargo, la actividad manufacturera y fabril arandina hunde sus raíces en una época anterior. Ejemplo de ello es la fábrica de harinas fundada en 1920 por Don Publio. Esta factoría se encontraba en la carretera de Palencia, donde había un salto de agua que servía de motor para moler la harina –llamada Presa de Don Publio en su honor-, y que además vendía parte de su producción eléctrica a la compañía Electra.
En 1943 Don Publio acertó al ampliar la harinera fundando la Fábrica de Galletas “La Bella María”, que se encontraba donde a día de hoy está Pascual. Las instalaciones de La Bella María consistían en un jardín, tres gallineros y algunos patos, todo ello rodeado por un hermoso arroyo. En el interior de la fábrica se distinguía la amasadora y, frente a ella, el horno, que ocupaba un tercio de la nave.
Éste era operado, entre otros horneros, por Esteban Arandilla, natural de Villalba de Duero. Las galletas, una vez cocidas, iban colocándose en bandejas movidas por un rodillo, para después ir cayendo una por una a un cesto. Acto seguido, las operarias las ponían en latas cuadradas que iban forradas de papel por dentro y por fuera.
Aunque la plantilla de la fábrica estaba formada por un total de nueve mujeres y cinco varones, en algunas ocasiones puntuales podían contarse hasta 70 trabajadores de ambos sexos, contratados para dar salida a la elevada producción.
Esta consistía en bizcochos de campagne, galletas de coco, de chocolate, de nata y surtidos. Las oficinas de la empresa se hallaban en los soportales de la Plaza Mayor, en los bajos de Casa Ridruejo. Allí se encontraban Don Isidoro Martínez Gómez y el ingeniero industrial Don Gerardo Redondo, sobrino de Don Publio y sucesor de éste al frente del negocio.
Las galletas elaboradas en la capital ribereña alcanzaron verdadera fama en toda España. Las antiguas empleadas de la fábrica recuerdan que, en cierta ocasión, un reputado médico digestivo de Madrid recomendó a un paciente con úlcera estomacal que comiera galletas de La Dulce María de Aranda de Duero. Otra curiosidad que cuentan las operarias es que las mujeres humildes del barrio de las Tenerías, que acostumbraban a sentarse en corros a la puerta de sus hogares para coser y pasar el rato juntas, tan pronto como veían pasar las mulas y caballos percherones de Don Publio, se apresuraban a acercarse a ellas para recoger los excrementos de los animales, que contenían mucho trigo, para dar éste a sus gallinas y abonar los huertos.
En la fotografía que podemos contemplar en portada, tomada en 1948, figura Juana Núñez López, popularmente conocida como “Barajas”, antigua empleada de la Fábrica de Galletas La Bella María. La joven Juana viste la bata y el gorro de color blanco que utilizaban las operarias en el trabajo, posando con una bonita caja de galletas, en la que destaca la imagen de la fábrica y el escudo de Aranda de Duero.

 

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