29 de septiembre de 2021

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EQUIPO DE FÚTBOL DE LA COMPAÑÍA ELECTRA DE ARANDA DE DUERO

 

El 1 de abril de 1895 se encendió por primera vez en Aranda de Duero una lámpara de luz eléctrica. Los generadores de la empresa Redondo Hermanos, alimentados por las aguas del río Duero, lo hicieron posible. La llegada de la electricidad supuso una notable mejora en la calidad de vida de los arandinos y el primer paso hacia la modernización tecnológica. Sin embargo, en aquel periodo inicial de finales del siglo XIX, la iluminación eléctrica era un privilegio de pocos, pues el precio mensual de una bombilla de 15 vatios era de 15 céntimos de peseta, cantidad que no estaba al alcance de todos los bolsillos. Las primeras lámparas eléctricas coexistían así con las velas, los quinqués y demás sistemas de alumbrado antiguos, mayoritarios entre la población arandina durante largo tiempo. Tras la apertura de la pionera central eléctrica de la Sociedad Redondo Hermanos, fueron instalándose otras centrales en la Ribera del Duero. En torno a 1903 se inauguró en Fresnillo la Sociedad La Ribereña. Unos quince años después se puso en marcha en Vadocondes la Sociedad García y Cía. Y en 1922 se instaló en Villalba de Duero la Sociedad La Industrial, promovida por Joaquín Velasco, a la sazón propietario de La Ventosilla. En aquel entonces, la electricidad se transportaba mediante cables de cobre de gran grosor tendidos sobre postes de olmo, cortados de la misma ribera. El recorrido del cableado arandino era de lo más pintoresco. Arrancaba de entre la carretera de Palencia y el río Duero, pasaba por el río Bañuelos, seguía por debajo del puente, subía por el Cine Aranda hasta los frailes, cruzaba la carretera en la calle Ronda y moría en el callejón de las monjas Bernardas. Nótese como curiosidad que en la iglesia de Santa María, en un hueco que hoy es la puerta de la sacristía, se instalaron dos transformadores, y, como recompensa por utilizar este espacio, la Sociedad Redondo Hermanos regalaba el consumo eléctrico a la parroquia. Hacia 1940, con motivo de la instalación en Aranda de una fábrica azucarera, que requería gran capacidad eléctrica para su funcionamiento, los productores y distribuidores arandinos de electricidad se fusionaron, fundándose la Comisión Delegada de Empresas Eléctricas. Seis años después se constituyó la Compañía Electra de Aranda de Duero, que sería absorbida por la Electra de Burgos hacia 1960. Uno de quienes trabajaron durante aquel periodo en la Electra de Aranda fue Esteban Martínez “El Rubio” –también conocido como Esteban “el de la luz”–, operario de la compañía durante 51 años. Recuerda Esteban los duros años de la posguerra, en que la escasez de materiales, herramientas y vehículos hacían penosos los trabajos. Si llovía, el trabajo seguía bajo el agua, sin trajes impermeables ni ropa de abrigo. Las medidas de seguridad las dictaba el instinto y los consejos de los veteranos. “Nunca me quejé –relata Esteban–. Había que trabajar para comer”. Ciertamente, hombres del pueblo como Esteban son los que marcan el verdadero curso de la historia. En la fotografía de portada figura el equipo de fútbol de la Compañía Electra de Aranda antes de disputar un partido contra el equipo de la Electra de Burgos, con motivo del día de su patrona, La Virgen de la Luz –popularmente llamada de Las Candelas–. El equipo arandino se hizo con la victoria, con un abultado resultado de 5 a 1. Figuran entre otros, en la fila de arriba, de izda. a dcha.: Esteban Martínez “El Rubio”, Marijuan, Teófilo Franco y Salvador Franco; agachado, el segundo por la izda., Santiago Martínez.

 

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